Desde que empecé Tokyo Blues no paro de pensar en ella. Un libro que elegí al azar, perdido en la biblioteca y resulta que parece escrito para hacerme pensar aun más en ella. No es un gran libro, ni siquiera es de esos que enganchan pero no puedo dejar de leerlo y no sé por qué. A lo mejor es que normalmente no pienso en ella tanto como sería de esperar en esta situación pero creo que quizá es porque en el fondo aun no he asumido bien que ya no está conmigo, que hace tres años que se fue porque todavía cuando me ocurre algo divertido, oigo una canción chula o veo esas cosas que sé que la molarían pienso: “cuando llegue a casa se lo tengo que contar” y tardo en darme cuenta de que no estará más en casa, ni iremos a pasear, ni me acompañará en coche cuando me dé miedo conducir. Pero ella decidió que era el momento de irse y yo no la culpo. No creo que fuese un acto egoísta por su parte ni que no pensase en nosotros cuando lo hizo. Por eso quizá no me duele tanto como a V. Pero la comprensión hacia lo que hizo no me libra de sentirme culpable por no pensar tanto en ella.
A lo mejor por eso me recreo en ese libro, porque me obliga a acordarme de ella y me hace sentir egoístamente mejor. O a lo mejor es que en el fondo lo que me gusta es torturarme.
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